Hace algunos años, tras el nombramiento de Manuel Chaves como presidente de la Junta de Andalucía, un periodista le preguntó qué estrategias tenía previsto desplegar para lograr la cohesión de un territorio tan amplio como el de la comunidad autónoma que se le encomendaba. Para sorpresa de todos, que en aquellos tiernos años de la democracia esperábamos medidas más bien de carácter administrativo, el actual ministro de Política Territorial proclamó su intención de hacer buenas carreteras y construir autovías libres de peaje, en definitiva; de apostar fuerte por las comunicaciones porque, según dijo, no hay mayor impulso a la cohesión social, cultural y económica que la de hacer posible a un ciudadano viajar a la provincia de al lado en poco más de una hora. Un anuncio impactante no exento de complejidad, como el tiempo ha venido demostrando, pues la orografía andaluza se ha manifestado terca ante la voluntad política de los dirigentes autonómicos. Entonces, Andalucía era así. De hecho, con motivo de la exposición que el Parlamento de Andalucía exhibe estos días en la Diputación de Almería sobre los procesos electorales andaluces, algunos de los parlamentarios de la época comentaban que ir a Sevilla en aquellos años suponía un viaje tortuoso que, en ocasiones, obligaba a hacer noche en Antequera a poco que te entretuvieran tus gestiones en la capital hispalense. Bajo estas premisas, la Junta de Andalucía volcó sus esfuerzos en la vertebración territorial de la comunidad y apoyó en su momento la puesta en marcha de un vuelo entre Almería y Sevilla, que no pudo permanecer en el tiempo sin el refuerzo económico institucional. Pero la determinación de conseguirlo se ha mantenido en la agenda de trabajo de los dirigentes socialistas hasta hacerse realidad esta misma semana con garantías de continuidad, es decir; con el apoyo determinante de la Junta de Andalucía y el Gobierno de España, y previa autorización de la Unión Europea, que hasta ahora ha venido rechazando los argumentos que exponíammos a tal efecto. Es importante señalar que el principal escollo en este camino ha sido hacer entender a las autoridades europeas la importancia estratégica de dicho vuelo debido a la ausencia de comunicaciones aéreas a la hora de vertebrar un territorio tan amplio como el andaluz. En una ocasión Concepción Gutiérrez, al poco de tomar posesión de su cargo como Consejera de Obras Públicas y Transportes, llegó a afirmar que sólo por su extensión geográfica, equivalente o superior a la de algunos países europeos, Andalucía requería un servicio de esta naturaleza, con el apoyo de las Administraciones. Para ello, el Gobierno de España declaró de utilidad pública el vuelo y demostró que se trataba de un servicio deficitario que, por consiguiente, tenía que ser subvencionado por las Administraciones. Porque lo importante no es crear la línea –de hecho ya existió, pero sostenida únicamente por la iniciativa privada- sino que ésta pueda operar a precios interesantes para cualquier ciudadano de a pie. Y se ha conseguido: 38 euros para cinco horas de tren, frente a 41 euros para menos de una hora de avión, cantidad esta última que se reduce hasta los 36 euros en la tarifa promocional. De esta manera no sólo se garantiza el servicio, sino también el principio de solidaridad que preside las políticas de los gobiernos socialistas, pues el precio apenas difiere de las tarifas ferroviarias. Desde la Diputación felicitamos a los almerienses, a la Junta de Andalucía y al Gobierno de España. Ahora, la Andalucía de futuro está mucho más cerca. Vamos hacia ella. Y vamos volando. Juan Carlos Usero López, presidente de la Diputación de Almería |